la belleza de sentir

miércoles, enero 04, 2006

SUEÑOS DE CAROLINA


Fue una tarde mágica. Comenzó justo en el límite, ad portas del comienzo de un nuevo año. Fue la ultima actividad importante que realicé el año 2005.
Era un cálido viernes, después de una rutina de trabajo muy cansadora, en la que más bien huí de la oficina a las 6 de la tarde, para mi mágica cita con la pintura.
Me esperaba José Santos, con pincel y paleta en mano y sin mucho preámbulo caminamos hacia el patio de los quehaceres, para dar comienzo con la ceremonia creativa de colocar los pastosos acrílicos sobre mi blanca tela ansiosa, plasmando en ella nuestros sueños en colores brillantes.
Comenzó Santos, dando los primeros trazos con un pincel untado en negro. Trajo a sus personajes multicolores, y le seguí yo, tímidamente, dando mis primeros trazos frágiles.
Entonces al compás del clavecín pintamos por mucho rato, cómplices de un silencio provocado por la concentración de la creatividad, y sólo deteniendo el pincel para comer un bocado de pan de pascuas o tomar un sorbo de Cola Cola.
Eran instantes mágicos, donde el barroco sonido de la música y la suave brisa del crepúsculo nos conmovían al punto de un éxtasis místico. Ahí estaban el gurú y su discípula pintando, colocando porciones de pintura en una tela que atrás dejaba su blanco fervor, para tornarse un lienzo colorido y lleno de vida, atiborrado de personajes que parecían estar jugueteando con los pintores.
Con Santos estábamos emocionados, por que nuestra pasión por la pintura y nuestra amistad, nos hacían entrar en un transe, un viaje por un mundo en donde no existían los problemas ni las preocupaciones, solo la pintura, la música y los colores.
Se oscureció, la brisa se convirtió en viento frío, entonces la noche nos comunicó que era tiempo de terminar. Los colores parecían desaparecer frente a nuestro ojos, pero nos anunciaban que al día siguiente resucitarían con mayor fulgor aún.
Entonces partí a mi hogar, al que Santos me acompañó para cuidar de su discipula y ayudarla a llegar sin problemas. Todo culminó en una velada a la que se unió Daniel, admirador de nuestras pinturas, comiendo pizza y bebiendo buen vino.
La tarea no culminó, la invitación para nuestra nueva cita está en pie. Será la ceremonia del barniz, en que los colores de nuestra obra ya terminada, se tornarán brillantes y alegres, ceremonia a la que están invitados todos nuestros pequeños amigos invisibles: ardillas, pájaros, ángeles, incluso los traviesos duendes verdes, será una nueva tarde mágica , en la que el gurú y su discípula se juntarán para olvidar lo malo de la vida y solo concentrarse en la felicidad.

1 Comments:

At 9:47 a. m., Blogger Klaudiafloyd said...

que maravilloso dia!! me hubiera encantado ser alguno de aquellos personajes, para poder robar un instante de ese mitico encuentro, al son del clavecin...

te felicito!

 

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