la belleza de sentir

miércoles, diciembre 07, 2005

SUEÑOS DE SANTOS GUERRA



Simplemente apoteósica..........es la única palabra con que puedo describir la exposición de José Santos Guerra de ayer. Fue nuevamente un shock visual letal, como la primera vez en “Stuart”. En la entrada había varias pinturas de pequeño formato que te invitaban a un viaje especial, con olor a barniz fresco y personajes de cuentos. A medida que te acercabas al hall central, los formatos empezaban a ser más grandes y los colores mas fuertes y brillantes. Los personajes se arremolinaban en mi cabeza, haciéndome incluso ver algunos de mis personajes reflejados allí. En el hall central estaba los más grandes y coloridos, no podías evitar sonreir al ver tanta belleza.
Santos no había llegado y yo estaba nerviosa, sabía que tendría que hablarle y decirle todo lo que le admiraba.
Una vez allí, fue el mismo que con su calidez y amabilidad de siempre, se acercó y me saludó. Conversamos mucho, estuve casi 2 horas allí. No sentía hambre, frío ni calor, hasta el cansancio había desaparecido. Entonces entendí que estaba en mi mundo, pero no en el mundo de la gente que fue a la exposición, sino que mi mundo eran los cuadros de Santos. El crea mi mundo, el alimenta mi alma...solo quiero pintar.

jueves, diciembre 01, 2005




Tomé el tren a las 5:30 y me las emplumé a tan magna ciudad Chilena, con el objetivo de ver a mi gran amiga mrs K. y su marido. A pesar de lo agotador de las 6 horas de viajé, noté la diferencia al bajar del bus, recién llegada a Conce. Una brisa marina increíble, que me estremeció hasta el mareo. Me sentí tan bien que creo que me habría quedado allá por mucho más. Fue un viaje espectacular, a pesar de lo corto.
El viernes me esperaban con unos ricos tacos con huacamole y una larga velada de conversación que tanta falta nos hacía. El sábado MrsK y su esposo me llevaron a Lenga, a comer pescado y sopaipillas. El sol brillaba a rabiar y un intenso viento marino impedía sentir el odioso calor que tanto molesta en días lindos. Los anfitriones fueron de lujo, me llevaron a recorrer San Pedro de la Paz y con una vista panorámica pude conocer las lindas lagunas y la ciudad.
Tras un pequeño descanso, el sábado en la noche fuimos a Chiguayante a comer al increíble e inolvidable “ROCINANTE”. Un lugar precioso, con exquisita comida y atención personalizada. Quedé fascinada.
El domingo tras un rico almuerzo, del cual no puedo olvidar, esos ricos choritos con cilantro, cebollín y mucho limón, tuve que prepararme para partir a Santiago nuevamente.
Fue un fin de semana precioso, el cual agradezco a Dios y a mis amigos(cuyos nombres mantengo en el anonimato), y lo mejor fue el poder estar con ellos, solo de recordarlo, me dan ganas de llorar, por que siempre quiero tenerlos cerca.