la belleza de sentir

lunes, junio 19, 2006

ALEMANIA WORLD CUP


Es increíble como la fiebre del mundial de todas formas alcanzó a nuestro país. A pesar de estar eliminados de esta Copa del mundo y de estar conscientes de que nuestro fútbol chileno está en franca decadencia, estamos conectados con Alemania 2006 hasta en horario de trabajo. No es curioso como ciertas pasiones se extienden más allá de nuestra racionalidad empírica.
Alguna vez este deporte que arrasa con multitudes pudo se parte de mi colección de intereses, especialmente cuando teníamos un Zamorano empinado en la corona del Real Madrid y portando el título de Pichichi. Pero con el tiempo y viendo los efectos que produce en quien cae rendido a sus pies, me comenzó a desinteresar y cada vez le tomé más aversión. Mi marido por ejemplo, se despierta viendo futbol y se acuesta escuchando a esos emperifollados hombres de terno y corbata que transmiten por horas la misma temática futbolera de siempre.: “que somos malos”, “que nos hace falta una política deportiva”, y sólo viven de los recuerdos de un Cazely enardecido, un Elías Figueroa impecable y un mundial del 62.
Lejos están mis intereses del fútbol hoy en día. Más bien estoy como peleada con esta pasión de multitudes. Pero una vez más y como un intento de no morir de un ataque de nervios con tanto peloteo, es que opté por encontrarle mi propio sentido a esta Mundial.Y volví a mis tiempos de colegio cuando buscaba mi muso inspirador de entre las decenas de jugadores de distintas partes del Globo. Siempre quedaba embobada con los jugadores de las selecciones francesa, italiana o argentina, alguna vez un danés conquistó mi corazón también. Pero esta vez y después de un esfuerzo bastante arduo, tuve un amor a primera vista con un rubio alemán de ojos intensos que ni siquiera ha jugado ya que es el arquero suplente:TIMO HILDEBRAND.
Así que no sucumbiré a una vida atiborrada de fútbol por doquier, más bien me sumaré a esta pasión, pero con una motivación diferente: VIVA ALEMANIA.

jueves, junio 15, 2006

MATCH POINT





Comenzó la cinta con una metáfora de la suerte y el azar en la vida. Ya no había un mannhatan, ni estaba Allen discutiendo neuróticamente sobre lo complejo de la mujer ni haciendo hincapié en su vida de judío en medio de la urbe neoyorquina y al compás de su exquisito jazz de los 40.
Esta vez comenzamos situándonos en la opulencia de la sociedad inglesa, con diálogos simples, que nos hacían olvidar a Woody Allen por momentos y centrarnos en el canto de la opera y una problemática que en esencia parecía trivial.
Pero al transcurrir la cinta aparecen los conceptos de nuestro genio y no se hacen esperar. La complejidad del hombre, el neurotismo femenino, un asesinato sin justificación esencial, la metáfora, espíritus que vienen a pedir una explicación, y el gran detalle que cierra la cinta.
Me pareció una muy buena película. Diferente a lo que acostumbra a presentar nuestro gurú del cine independiente, pero no así menos interesante. Por el contrario la película me atrapó y me ha tenido pensando aún en lo incomprensible de los sentimientos de Chris Wilton, lo desolada que puede llegar a estar una mujer bella como Nola Rice, en lo resuelta que puede llegar a tener la vida una persona como Chloe, en fin, cuando una película me atrapa, caigo rendida a sus pies. Una vez más Allen me sorprende y encanta, para seguir siendo mi gran regalón del cine americano.